miércoles, 17 de febrero de 2016

El Multiculturalismo Neoliberal y los Imaginarios Sociales. El desafío de una nueva forma de multiculturalismo.

“Lo que nadie me saca de la cabeza es recuperar este espacio territorial que ocupaban mis antepasados, yo le estoy hablando cuando los viejos se paraban ahí en Kichantúe y miraban, se paraban en el otro cerro Faja La Arena y miraban al mar, hasta Charrocura. Ese es mi sueño, de que, se que no es fácil, eso está en manos de la Mininco, esos espacios tienen que volver y sabe que con poca ayuda del estado nosotros vamos a hacer volver las aguas, los bosques y espero que a lo mejor pueden volver hasta las aves que emigraron de aquí. Yo se que en todo eso viviríamos en un
pleno desarrollo,  y viviríamos como debe vivir el mapuche, el mapuche no debe vivir dentro de 12 metros de frente, 25 metros de fondo. El mapuche tiene que criar animales, tiene que tener animales y con todos esos espacios territoriales ni la juventud no migraría por que tendrían donde trabajar y comería mejor”.
(Entrevista personal a don Rigoberto Painem, mayo de 2009).


Introducción.

Creo necesario declarar y sincerar que los párrafos siguientes están impregnados de la integración de argumentos, causalidades, intereses y motivaciones (que no me permito aclararlas aquí dado su extensión) que siempre me han dirigido a una determinada temática de investigación. Sincero, que por mi parte veo difícil por ejemplo no orientarme a profundizar en los ámbitos en los que siempre he desarrollado roles y funciones: comunidades indígenas, situaciones de pobreza, organización/participación, y, territorio/desarrollo. Estos vistos como grandes ámbitos en los cuáles desarrollar una línea temática de investigación. La siguientes líneas, entonces, surgen con el propósito de explorar una mirada distinta a la temática principal de mi tesis de post grado integrando dimensiones abordadas en las unidades vistas en el marco del curso de Fundamentos de Epistemología e Investigación en Ciencias Sociales del Programa de Magíster en Ciencias Sociales, del cual, en la actualidad soy parte como estudiante. Mi paso por el programa de Magister me ha dado la posibilidad de interiorizar sobre conceptos como gobernanza, desarrollo, territorio, región y procesos culturales, los cuáles contribuyen a situar mis pretensiones de ser un aporte a las ciencias sociales con los hallazgos que pueda realizar, pero principalmente de desarrollar una investigación que se nutra de epistemologías y metodologías alternativas distintas a las que predominan en las acostumbradas formas de hacer ciencias, y el curso al que doy respuesta mediante los párrafos siguientes no escapa de esa posibilidad y pretensión.

Mi intención siempre ha sido indagar en la relación Estado/Pueblos Indígenas y el modelo/concepto de desarrollo que los vincula. Es decir, como la concepción de desarrollo infiltra las políticas públicas que son aplicadas por el Estado hacia los Pueblos Indígenas, específicamente a las comunidades mapuche y sus territorios y las consecuencias que esto genera. En lo medular, es poder evidenciar en como las políticas públicas que son desarrolladas por actores estatales en un contexto mapuche rompe variables psicosioculturales de los territorios indígenas como el capital social, poder, confianza, comunicación, trabajo comunitario, entro otras; el paso por el curso/módulo de Epistemología e Investigación, ha hecho visible nuevas  formas de abordar y entender los paradigmas epistemológicos, teóricos y metodológicos que vienen a potenciar la búsqueda de las soluciones a las interrogantes que siempre me he planteado en este aspecto.

Relación Estado / Pueblos Indígenas, la mirada convencional.

Los pueblos indígenas representan el 10% en Latinoamérica; y sus niveles de ingreso, los indicadores en las dimensiones de educación y salud se observan claramente disminuidas en relación con el resto de la población (Hall G. y Patrinos H. A. 2004). En   Chile, esta realidad no es disímil.  Para observar en términos numéricos estas diferencias, nos referiremos a la Encuesta de Caracterización SocioEconómica Nacional CASEN 2013[1].
Respecto a esta medición, la población que se auto declara perteneciente a algún pueblo originario en Chile[2] es de 1.565.915 personas, es decir, un 9,1% de los ciudadanos de este país es indígena. En cuanto a  indicadores de pobreza podemos observar que la diferencia casi se duplica al desagregar entre persona indígena y no indígena. En Chile las personas en situación de pobreza de ingresos respecto a su condición de indígena llegan al 23,4% mientras que en la población no indígena llega al 13,5%; respecto de la pobreza extrema por ingresos esta se presenta en un 8,2% de la población indígena mientras que en la población no indígena desciende a un 4,1%; y, respecto de la pobreza multidimensional un 31,2% de personas indígenas son pobres frente a un 19,3% de personas no indígenas. Solo en términos estadísticos ya podemos identificar una diferencia en cuanto a indicadores de acceso a bienes, de ingresos monetarios, de derechos sobre el consumo, acceso a viviendas de calidad, los que dan cuenta de la brecha que existe entre la población indígena y no indígena. Es decir, que los desafíos de contribuir aun Chile igualitario no sólo se traduce en reducir las disparidades territoriales, sino, además de disminuir la brecha de pobreza existente entre la población indígena y la no indígena.

Con relación a estos datos, y bajo el interés de indagar en qué medida estos indicadores de pobreza reflejan la situación que viven hoy las personas pertenecientes a Pueblos Indígenas en Chile,es necesario no tener una mirada sesgada en este contexto, es decir no se trata de describir una mirada romántica de lo que significa ser indígena y no serlo, y su relación con lo que proporciona la modernidad. Renshaw y Wray (2004) propenen que es absurdo imaginar que por ser indígena una persona tendría que restringirse exclusivamente a la dieta, vestimenta o vivienda de sus antepasados y que no puede tomar una Coca Cola o un whisky etiqueta negra. De acuerdo a esta visión, la tecnología es neutral  –los teléfonos celulares y la televisión, los tractores y las motosierras pueden ser tanto positivo como negativo para la sociedad indígena –lo que es importante es quien tiene el control sobre ellos. Es aquí donde se presenta el problema de la pobreza, y no solamente de la pobreza relativa, ya que en realidad la mayoría de los indígenas no solamente no tienen acceso a los lujos y novedades de la vida moderna, muchos de ellos ni siquiera pueden satisfacer las necesidades que hoy en día se consideran básicas.




El camino hacia una nueva forma de entender la relación Estados / Pueblos Indígenas.

Un gran número de autores (Agostini, Brown, Roman 2010; Bello, Rangel 2000; De la Maza 2012; Del Popolo, Oyarce 2005; Hall, Patrinos 2005) concuerdan en que en las últimas tres décadas los Pueblos Indígenas de América Latina se han trasformados en actores activos consientes de las brechas de acceso y de situaciones de marginalidad  que existen entre ellos y la sociedad no indígena. Se percibe una clara exclusión y discriminación en cuanto a no ser partícipes del desarrollo y crecimiento que se produce en la región trayendo consigo reclamos a los distintos Estados y el reconocimiento de sus derechos. Esto trae como desafío para las políticas públicas re elaborar un conocimiento sobre estos pueblos a través de estadísticas, indicadores y metodologías por una parte; y, por otro lado, nos plantea un desafío puesto en la descolonización del conocimiento y a salirnos de los paradigmas occidentales modernos del conocer, reconsiderando lo indígena como una categoría analística, una comunidad epistemológica (Delgado F., Rist S., Escobar C. 2010).

Para situar el relato en nuestro país, convengamos que Chile hace esfuerzo por situarse en el contexto mundial junto a los países elit en el modelo de desarrollo neoliberal global: la reproducción del desarrollo como discurso.

Durante las últimas dos décadas, el PIB per càpita de Chile ha aumentado significativamente. Entre 1988 y 1997, Chile creció a una tasa  promedio anual de 7,9%. En 1998 el crecimiento se redujo a un 3,2%, y en 1999 la economía se contrajo (-0,8%). Posteriormente, entre 2000 y 2003, el crecimiento se recuperó, y en 2004 y 2005, el PIB real aumentó marcadamente en un 6,2 y 6,3 respectivamente…..Como resultado de esta situación, Chile ha sido uno de los países más exitosos en la reducción de pobreza a nivel mundial: en 1990 casi el 40% de la población vivía en condiciones de pobreza; en 2006 la tasa de pobreza era de 13,7%( OCDE, 2009).

Con párrafos como el anterior, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico OCDE[3] describe el triunfo de las políticas económicas y desempeño del modelo neoliberal en nuestro país, además, resalta en como esta experiencia se puede transformar en un referente para otros países:

El ingreso de Chile certifica el progreso alcanzado por el país en las dos últimas décadas y la extraordinaria transformación económica y social alcanzada durante este período. Los países miembros de la OCDE pueden aprender mucho de la experiencia chilena, ya que Chile aporta importantes prácticas que contribuirán a enriquecer ese “Club de las Mejores Políticas” que es la OCDE. Pero la OCDE también puede prestar su ayuda a Chile en el desarrollo de mejores prácticas que permitan elevar la calidad de vida, gracias a sus 50 años de experiencia en el terreno de las políticas públicas.(OCDE, 2011, p. 3)

A pesar de lo descrito, y a pesar de actuar mejor que sus vecinos en seguir la receta neoliberal, Chile no escapa a lo que acontece en el continente. En el país se observan grandes diferencias de clases, desigualdad no sólo de orden económico sino además desequilibrios sociales y culturales, que generan sobre todo exclusión de grandes sectores de la sociedad. Esto se expresa en las escasas oportunidades  de desarrollo que afectan algunas regiones y territorios. “Es un hecho que una cantidad muy importante de territorios, comunas y regiones del país muestran aún indicadores de pobreza negativos y muy bajo desarrollo humano. La misma OCDE, y a través de estos mismos textos, pone en alerta este síntoma realmente grave en la economía nacional: las severas disparidades territoriales que conlleva este progreso económico. Estas disparidades territoriales se caracterizan por ser marcadamente en el ámbito de la productividad laboral, en el acceso a la educación, en investigación, en innovación y en los niveles de pobreza. En resumen: Chile, en desarrollo y en riqueza, sigue estando concentrado, y, como se reforzaba en las primeras páginas de este documento, en los pueblos indígenas es donde mayormente se denotan estas disparidades y desigualdades con sus consecuencias de exclusión y marginación.
El desarrollo como discurso, ha hecho posible la instauración de una amplia maquina  institucional a través de la que se desplegó este mismo discurso (Escobar, 2005). Este aparato comprende desde organizaciones internacionales (pasando por el FMI y la ONU), hasta organizaciones e instituciones nacionales y de escala local de cada sociedad en cuestión.
Si por ejemplo, observamos los avances de los municipios y su gestión presupuestaria, bajo el discurso del desarrollo y la modernidad, esa que debe llegar a todos los sectores de la sociedad, no existe objeción alguna de lo que estos pueden llegar a avanzar. Aunque desde la perspectiva de gobierno, entendiéndose como la conducción de conductas – bajo la lógica foucaultiana expuesta por Vásquez García (2005)- se puede caracterizar estos resultados como parte de la acción de un gobierno neo-liberal, a escala local, es decir, una racionalidad de gobierno basada en la aplicación de políticas neoliberales al enfocar esta inversión en superar los obstáculos para un desarrollo expedito. ¿Cuáles son esos obstáculos para que los territorios se desarrollen?: claramente dotar de infraestructura a las comunas, de manera de que ya no se conciban a estas como un territorio empobrecido ni menos olvidado del desarrollo nacional. ¿Cuál es el desenlace?: el gran esfuerzo de los equipos técnico/municipal para alcanzar este nivel de inversión, responde a esta lógica de institucionalización del desarrollo, que según Escobar (2005) concluye en una fuerza social real y efectiva que es capaz de trasformar la realidad económica, social, cultural y política de la sociedad en cuestión, en este caso, la sociedad local, como un territorio desarrollado. Incluso cuando hablamos de desarrollo económico local, el núcleo de la discusión respecto de los gobiernos locales, deberíamos enfocarlo en que la administración municipal, paso a modificar precisamente, ese rol de administrador (de un territorio), a ser un gobierno que “adopta medidas necesarias para que la economía, la población y la sociedad civil se autogobiernen a partir de su propia legalidad interna” (Vázquez García, p. 86) a nivel local. Podría decirse, además, que impera el ciudadano social[4], que es aquel sujeto que si bien tiene autonomía política y jurídica, además, para ser reconocido como ciudadano libre y portador de derecho, el individuo debe mostrar su capacidad de elegir por sí mismo, debe exhibir su responsabilidad. La municipalidad se desliga así, de guiar sus políticas a la superación de pobreza o de niveles de cesantía, centrándose en buscar alternativas para potenciar a este ciudadano. El eslabón del Estado más cercano a la ciudadanía, el municipio, “ya no gobierna directamente los procesos económicos, biológicos o culturales, se dedica a preservar el funcionamiento autónomo de los mercados ya existentes o a estimular la creación de mercados allí donde no existen” (p. 94). Los emprendedores nacientes, entonces, son el producto incipiente del modelo neoliberal a escala local, el “empresario de sí mismo” que tiene el interés puesto en su propia realización personal, un individuo activo capaz de elegir por sí mismo y sacar partido a sus recursos personales.


Una mirada desde la Complejidad a la relación Estado / Pueblos Indígenas.

En este apartado final, trataré de resumir una nueva postura para indagar en la relación Estado/Pueblos Indígenas. Esta nueva forma de entender esta relación, entiende como nudo principal la complejidad del sujeto y la vida cotidiana. Como plantea Byung – Chul Han[5] el sujeto tiende a pensar en que es un sujeto libre, sin embargo, este autor nos describe como un modelo como el neoliberal despliega dispositivos sobre aquel sujeto. Nos menciona que a pesar de sentirnos libres de coerciones ajenas, nos sometemos constantemente a las coerciones propias en una forma de coacción al rendimiento y la optimización. La libertad entonces de ser otro sujeto, vuelve a dar lugar a coacciones. El sujeto del rendimiento, como dice el autor, se pretende libre, en realidad solo es un esclavo, que si bien no existe un amo que lo obligue a trabajar si debe explotarse a sí mismo, hoy la vida y el trabajo son uno solo. Como panorama desalentador nos recalca que “Al esclavo neoliberal le es extraña la soberanía” (pag. 7) “ el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad. No existe una amistad sin fin alguno” (pag. 8). El neoliberalismo es un sistema inteligente nos plantea el autor, ya que explota nuestras formas de libertad como la emoción, el juego y la comunicación.  Este autor se refiere a que en un sistema neoliberal el trabajador se convierte en empresario, por ende, es el neoliberalismo como sistema quien elimina a la clase trabajadora, hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una misma persona. La lucha de clases como lo mencionaba Marx  -que daba cuenta del proletariado y el capitalista como categorías claras en conflicto- es una lucha interna consigo mismo, esto es una característica del modo de producción presente, donde nos enfrentamos con nosotros mismos al ser esclavo y explotadores a la vez, por ende es imposible una dictadura del proletariado. Como uno es explotador de uno mismo, al alzarse contra la explotación nos lleva a ser agresivos contra nosotros mismo, lo que no convierte al explotado en un revolucionario, sino en un depresivo. Al mismo tiempo, ya no trabajamos para nosotros y nuestras necesidades, sino para el capital, el que produce sus propias necesidades que nosotros de forma erróneas percibimos como propias. El neoliberalismo así actúa como un paradigma en la visión de Morin[6] “…constituido por un cierto tipo de relación lógica extremadamente fuerte entre nociones maestras, nociones claves, principios claves. Esa relación y esos principios van a gobernar todos los discursos que obedecen, inconscientemente, a su gobierno” (pág. 89).
 La relación del Estado neoliberal chileno y su relación con los pueblos indígenas no hace otra cosa más que gobernar bajo un paradigma de la simplicidad, que se orienta al orden persiguiendo al desorden, el orden traducido-reducido en ley, cuya pretensión es unificar lo diverso (pág 89). El Estado no solo propone a través del neoliberalismo sino que sobre todo impone una forma de entender, de ser. Por ende, lo que propongo, o más bien me auto propongo es desbordar los límites de lo simple hacia lo complejo en esta nueva forma de entender la relación Estado/Pueblos Indígenas, observado mas allá de lo visual, ni fragmentando la realidad ni siendo lineal como se conoce desde el positivismo, incorporar de algún modo la ideología porque no, de manera de entender lo real desde otro punto de vista. Bajo el paradigma de la complejidad resulta importante hablar de los imaginarios, los que se construyen desde esta relación Estado/Pueblo Indígenas, Taylor[7] señala que” nuestro imaginario social en cualquier momento es complejo. Incorpora una idea de las expectativas normales que mantenemos unos respecto de otros, de la clase de entendimiento común que nos permite desarrollar las prácticas colectivas de nuestra vida social (pág 38). Entenderemos por imaginarios sociales entonces a como las personas corrientes imaginan su entorno social y el tipo de relaciones que mantienen unas con otras, esto bajo un modelo de gobernanza de multiculturalismo neoliberal.

Una aproximación al Multiculturalismo Neoliberal en Chile:
Se entiende como multiculturalismo neoliberal a los discursos y políticas multiculturales establecidos por parte de los estados que sirven para generar consensos para el proyecto neoliberal, no se puede entender, sin embargo, el desarrollo de este discurso si no es bajo un contexto de gobernanza, Richards[8] señala que el multiculturalismo neoliberal se debe entender como una nueva forma de hacer gobernanza de los estados democráticos neoliberales en Latinoamérica. Para construir-entender como este se da en distintos países, regiones o territorios, se hace necesario comprender tanto la dimensión transnacional de la producción del discurso multicultural neoliberal, como las historias y los imaginarios sociales locales. (Richards, pág. 113)
Respecto de Chile post dictadura, fue bajo los gobiernos de la Concertación en que se instituyeron políticas multiculturales que reconocieron algunos derechos indígenas y promovieron la diversidad dentro de la sociedad chilena. (Richards, pág. 114). Esta misma autora señala a Postero quién menciona que el multiculturalismo “puede hacer referencia a la composición multiétnica de un país o grupo social”, pero, “más a menudo el término se refiere a los esfuerzos de los gobiernos democráticos liberales para aceptar o abrazar esas diferencias”. En este sentido, al adoptar el discurso multicultural los estados están implícitamente reconociendo el daño producido por las políticas asimilacionistas dominantes en el pasado.  (Richards, pag 115). Remediar los males del pasado e incentivar la participación de los pueblos originarios, sin embargo, no significa distribuir equitativamente el poder, el que seguirá encarnado en las jerarquías raciales de cada nación. La aparición del discurso multiculturalista, comparte el contexto histórico  con otra reforma acontecida e impulsada por la mayoría de los estados democráticos en Latinoamérica: el proyecto neoliberal caracterizado por el desarrollo de la exportación, la desregulación comercial, la descentralización y la eliminación de la universalidad de los servicios sociales, esto hará que como forma de gobernanza el neoliberalismo multicultural se interese en los problemas étnicos o culturales sin prestar atención al problema de la distribución.
Según señala Richards “Chile que fue el primer país latinoamericano en impulsar el neoliberalismo como modelo económico, fue el último en aceptar el multiculturalismo”(pag. 117).  Por un poco más de un siglo de vida republicana chilena, primó la concepción de que el pueblo mapuche era el Otro permanente, el enemigo que amenazaba la integridad nacional chilena, (esto acabó una vez ocurrida la Pacificación de la Araucanía); más tarde se convertirían en el Otro interno, negado o mantenido aparte del resto de los chilenos, concluyendo en reducciones para los mapuche y el reclutamiento de inmigrantes europeos por parte del estado, bajo el concepto de civilizar esas tierras despojadas al mapuche. Más avanzado el siglo XX, y la proliferación de los movimientos populares en Chile, el criterio de la clase fue el marcador social quedando los reclamos indígenas absorbidos por éste. Como resumen, entonces, en Chile– al contrario de todos los demás países de Latino América- el multiculturalismo se desarrolló posterior al neoliberalismo que fue implementado bajo una dictadura que no necesitaba generar consenso para instalar este modelo. Bajo dictadura, la resistencia mapuche generó esperanzas que las reivindicaciones serían atendidas una vez recuperada la democracia, así surgieron avances como la implementación de la de la Ley Indígena (1993), el Informe de la Comisión Histórica y Nuevo Trato (2003), el documento Reconocer: Pacto Social por la Multiculturalidad, y, la ratificación del convenio 169 de la OIT (estos últimos durante el 2008); sin embargo la Concertación mantuvo el modelo económico, por lo cual el neoliberalismo siguió impregnando las políticas públicas y su trato, como veremos, hacia los pueblos indígenas siguió una lógica de la zanahoria y el garrotazo. Que el desarrollo Neoliberal prime por sobre los derechos indígenas ha traído una nueva relación Estado/Pueblos Indígenas que se construye bajo el conflicto (basurales en proximidades a comunidades mapuche, autopistas en tierras ancestrales, instalación de hidroeléctricas, implantación de industria forestal en tierras que fueron despojadas a los mapuche bajo dictadura, concesiones mineras, etc.),  lo que ha contribuido a  que hoy existan nuevos imaginarios en torno a lo mapuche bajo esta  forma de multiculturalismo neoliberal implementada en Chile.
Hale, mencionado en el texto de Richards (2004) hace notar que el neoliberalismo multicultural construye dialécticamente una forma diferente de ser indio: “la gobernanza activamente crea y recompensa al indio permitido mientras que condena al Otro a espacios racializados de pobreza y exclusión social”. Para este indio pobre y excluido los gobiernos de la Concertación crearon programas dirigidos a superar la pobreza en las comunidades mapuche, el mejor ejemplo de ellos fue el Programa Orígenes creado el año 2001 por medio de un crédito del Banco Mundial por más de 140 millones de dólares solicitados por el aquel entonces presidente Ricardo Lagos en el inicio del conflicto, específicamente comunidades mapuche e industria forestal. También el multiculturalismo neoliberal, crea el imaginario del indio insurrecto, que nace del versus del indio bueno y el indio malo. El indio permitido, señala Hale, es aquel que abraza las políticas integracionista y participa sin cuestionar de los programas de gobierno, mientras el insurrecto desafía constantemente los principios del multiculturalismo neoliberal, persiguiendo el reconocimiento de sus derechos ancestrales y la redistribución de poder y recursos. La respuesta del Estado a este indio insurrecto, en la mayoría de las veces, ha sido la aplicación de la Ley Antiterrorista nacida bajo el régimen militar, cuya aplicación se ha mantenido y profundizado para con las comunidades y comuneros mapuche bajo los gobiernos de la concertación.

Un avance hacia la construcción de imaginarios sociales respecto de la aplicación del multiculturaismo neoliberal en territorio williche

Para finalizar, quisiera profundizar en la mirada del actor social, en este caso resulta importante tomar atención a la posición de los dirigentes locales. Para ello ocupo relatos de una entrevista semi estructurada la que fue aplicada a un infórmate clave, el que para efectos de la síntesis, interpretación y análisis de contenido de los resultados denominaré como Dirigente1.
En primera instancia resulta importante mencionar que los líderes mapuche williche no han estado exentos de los nuevos procesos sociopolíticos de los cuáles han sido parte los pueblos indígenas de Latinoamérica. Ya desde la década de 1980 los pueblos indígenas han pasado de ser actores pasivos a actores activos en los escenarios políticos nacionales y regionales (Del Popolo y Oyarce 2005), avanzando hacia un fortalecimiento de su identidad indígena lo que hace posible la identificación de “ser” mapuche williche y la mirada de los problemas que los aquejan como indígenas.


Yo vine a identificarme como mapuche recién como a los 19 años, antes de eso sabía que era mapuche pero no establecía la diferencia entre el mapuche y el chileno. Entonces de ahí de los 19 años comencé a hacerme cuestionamientos más fundamentales: en qué consistía ser mapuche, que aportaría y que podía hacer yo durante esos años de juventud para fortalecer la identidad mapuche. (DIRIGENTE 1, 2015).

 






En su relato, el entrevistado menciona como el haber tenido una formación acádemica en su desarrollo personal marca un antes y un después en la forma de abordar la cuestión mapuche williche: Anteriormente a eso vivía en la comunidad como otros jóvenes y niños pero sin hacer cuestionamientos más profundos, cuestionar al Estado, cuestionar, la educación, cuestionar la institucionalidad .… De ahí de eso me fui a Temuco a estudiar a los 21 años Educación Básica Intercultural volví a los 27 no con la Carrera terminada pero si con hartos conocimientos y otras ideas que me han servido para poder hoy día desarrollarme en esta sociedad no mapuche y mapuche” (DIRIGENTE 1, 2015).

Resulta importante resaltar lo anterior, ya que al intentar identificar el concepto de “pobreza” percibido por el entrevistado se hace necesario vincular este concepto a como el propio Estado lo entiende y las técnicas que usa para abordarlo que en más de una situación trae más problemas que soluciones respecto del tema en cuestión. Ya Renshaw y Wray[9] (2004) nos señalan que es importante destacar que no hay una visión indígena única sobre el tema de la pobreza, por un lado hay intelectuales y líderes indígenas que afirman que el concepto de pobreza es una manera de discriminar o desvalorizar la cultura indígena lo que concuerda en los relatos del propio entrevistado “Mira yo creo que el Estado te ha dicho que eres pobre, y los peñi cuando no tienen la identidad clara se creen el cuento de que son pobres, porque no tienen la educación….yo encuentro que la gente de campo tiene mucho más valores que la gente que vive en la ciudad o vive en otros lados y esos valores son una tremenda educación como para poder relacionarse, por otro lado tienen una tierra y esa tierra la pueden hacer producir y el Estado a través de ese discurso que los mapuche somos pobres quiere señalarte que tu estas en una situación y te tienes que mejorar y para eso tienes que irte a la ciudad o irte a otro lado, dejar tu tierra…”. Ya en estas líneas se puede entender que el concepto de pobreza si bien sirve para identificar a una población que está más desfavorecida que otras, este concepto a su vez debe ir acompañado de otras variables que no son consideradas por los instrumentos de medición que actualmente se usan. Es injusto de comparar la sociedad indígena con el resto de la sociedad nacional en términos de ingresos, de los años de escolaridad o cuestiones como el equipamiento saneamiento básico, ya que estos son indicadores propios de la sociedad nacional que no es necesariamente importante para los indígenas. Es más, si comparamos las dos sociedades  en base a la solidaridad, la calidad de las interacciones sociales o la convivencia con la naturaleza sería la sociedad nacional que se consideraría pobre (Renshaw y Wray, 2004). Bajo el paradigma de la complejidad, podemos entender que el racismo aquí no solo puede ser producida por una elit local, sino que las políticas públicas relegan al mapuche a una condición de pobreza, las políticas neoliberales y multiculturales no representan un cambio en las distribuciones de poder, menos en la asignación de derechos culturales o colectivos. El discurso neoliberal del Estado, se traduce en una constante lucha interna en la narrativa de pobreza presente en los dirigentes williche.
Es una estrategia política eso de lo pobre, el mapuche no ha sido pobre porque en el campo yo siempre tuve que comer, porque siempre trabajábamos, siempre tenía nuestra carne, nuestros animales, siempre teníamos las papas, las arvejas, de todo, leña no nos faltaba nunca pero cuando tute vienes a la ciudad chuta tienes que comprar todo tienes que comprar la leña, tienes que comprar la papa, acá se ve la pobreza (ciudad) pero en el campo y en el territorio no. DIRIGENTE 1, 2015.
 







Al ampliar la visión respecto de las políticas públicas aplicadas en territorio williche, se puede establecer en que la forma de abordar la pobreza en las comunidades mapuche williche no sólo se realiza de forma vertical con una visión poco pertinente, sino, que además que esta intervención es producto de una relación de poder donde las autoridades locales -o a otra escala- les posibilita establecer vínculos de clientelismo en las comunidades: “Yo creo que el Estado, primero el Desarrollo tiene poca pertinencia cultural. Segundo es utilizado en este caso la municipalidad o los servicios públicos como un clientelismo, crían un clientelismo en la gente, entonces ya los viejos son totalmente sometidos al caudillo, no se al Alcalde, o al Concejal tanto, o no se po’ al jefe de servicio tanto, porqué él le está dando un cerco, un quintal de harina, lo que necesitan los viejos, entonces ya los viejos no pueden optar por ellos mismos. Yo he escuchado a los políticos cuando dicen ah ya estos son los votos de tal persona, o allá de la otra tal persona que es el que le entrega la ayuda. De cierta manera están distribuyéndose las migajas para poder tener poder. Entonces yo no lo veo que sea un desarrollo sustentable, que sea un desarrollo integral, solamente para mantener el Sistema”. Entender la manera de aplicar política pública es reconocer que existe interacción entre los agentes estatales y el ciudadano indígena, por ende, es en la implementación de los programas sociales donde se materializa la visión de los gobernantes como practica social, esta visión baja a la ciudadanía mediante diferentes formas de poder, incrustándose y formando parte de la vida cotidiana de los ciudadanos (de la Maza, F. 2012), el multiculturalismo neoliberal, no viene a ser más que otra forma de dominación y domestizaje centrándose en el indio poco integrado al modelo – del que hablábamos en los parrafos más arriba- ocultado los derechos al a tierra, culturales o de otra índole y centrándose en las falencias socioeconómicas.

Valdivieso y Vallejos-Romero (2014)[10] afirman que  las intervenciones sociales y las políticas tienden a asumir formas normativas, que se traducen en intervenciones que no toman en cuenta las racionalidades de las propias personas a las que se quiere intervenir, y pues en los relatos del entrevistado podemos corroborar estas afirmaciones que la política pública es diseñada con otras racionalidades no logrando los impactos que declaran…. “No (respecto de si se está resolviendo las temáticas de pobreza indígena), lo que pasa es que el Estado debe reconocer como contraparte a lo mapuche y eso no lo está haciendo, por eso fracasa porque lo que están haciendo lo están haciendo detrás de la oficina y no son los mapuche”. Según Valenzuela, (2003) para lograr vía de entendimiento entre el Estado y los pueblos indígenas la política hacia el mundo indígena debe ser una auténtica política de Estado, es decir, una acción coordinada entre los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y otras instancias tales como los municipios y los gobiernos regionales. Organismos como la Coorporación de Desarrollo indígena (CONADI), por ejemplo, ya no logran por si solos responder a los desafíos que se le imponen, dado que estos desafíos son de carácter transversal e involucran a distintos sectores de la administración pública y la política social.

Yo creo que como señalaba es que tiene poca pertinencia, entonces cuando digo poca pertinencia es porque los mapuche tienen otra forma de ver su desarrollo, un desarrollo mucho más integro más sustentable, el kumemoñen por ejemplo que es una forma de vivir, donde el hecho no es que tengas que acumular riqueza sino vivir o sea trabajas para vivir. No peñi esclavizados del sistema para acumular riqueza ni ninguna de esas cuestiones. Desde este punto de vista no existe una explotación de los recursos sino que tú, con lo que necesitas vives. DIRIGENTE 1, 2015.
 








Conclusiones. ¿Cómo imaginar una nación multicultural?.
Ya quemando el límite de las paginas autorizadas, intento resumir en una conclusión final que pueda integrar la nueva mirada que he podido construir-me para entender la relación Estado/Pueblos Indígenas.

Hablar desde la pobreza, como inicialmente lo hacía siempre en mi planteamiento de política de investigación, no responde a más que a una lógica simplista de observación; desde un pensamiento complejo debo ser capaz de comprender que  existen dispositivos que construyen imaginarios sociales, en este caso el multiculturalismo neoliberal como gobernanza en Chile ha hecho sesgadamente percibir el conflicto mapuche como un problema de pobreza, del cual yo mismo estaba siendo parte. Las intervenciones sociales y las políticas y también académicas en un modelo de gobernanza multicultural neoliberal tienden a asumir formas normativas, que se traducen en intervenciones que no toman en cuenta las racionalidades de las propias personas a las que se quiere intervenir. Es decir, que nos planteamos desde una intervención convencional donde se aplican estrategia provenientes desde una lógica centralista, actuando desde arriba hacia abajo donde los propios afectados, es decir las personas pertenecientes a pueblos indígenas en Chile  no han sido sujetos activos de estas políticas de intervención, siendo meros espectadores de cómo se aplica la política pública en ellos; el multiculturalismo neoliberal se instala como un paradigma condicionado por prioridades transnacionales en el contexto de una economía global, inspirado en un ciudadano global un indio bueno, emprendedor lo resume así el entrevistado cuando menciona que:  “las políticas públicas hoy nos dicen que tú tienes que explotar, que prácticamente dejar la tierra absolutamente depredada para poder vivir, le están metiendo esa cizaña a las comunidades, entonces obvio que las comunidades están recibiendo y no están analizando como yo señalaba porque está el concejal, el alcalde, el jefe de servicio le están transmitiendo, entonces le están transmitiendo y están perdiendo su autonomía de pensar, de analizar de cuestionar las cosas, sino que están siguiendo las cosas que vienen desde afuera y no hay un análisis más profundo de que eso en el tiempo va a ser mal”.
La proliferación de grupos radicales como  la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), la muerte de jóvenes mapuche por disparos policiales bajo democracias, la muerte de colonos en extrañas circunstancias, la constante proliferación de movimientos mapuche en las ciudades, la aparición de atentados y auto atentados, la aplicación de la Ley Antiterrorista y detenidos a partir de acusaciones de testigos sin rostros; toda esta gama y más de hechos que constantemente vemos no son más que el resultado de una gobernanza multicultural neoliberal, de un estado que privilegia la ejecución perfecta y sin límites de un modelo en que prima los interese privados de las elites al punto de construir un imaginario mapuche dependiente de las políticas del Estado: “No hay futuro, porque por ejemplo los dirigentes están todos en Osorno. Entonces por eso yo señalo que si están en Osorno ya no están pensando como los mapuche que están en el campo. Y porque se han venido a Osorno, porque acá están los proyectos y se hacen eficientes para el sistema. En cambio en el campo no son eficientes, por eso se vienen a Osorno porque también habrán algunos proyectos y con eso a los mapuche nos crean dependencia por que el dirigente siendo dependiente del Estado a través de proyectos, después ya le deja de dar Proyecto el Estado y se vuelven unos pobres. Pobres Eficientes”.

La investigación en ciencias sociales, a través de los imaginarios sociales, podría ser una herramienta para comprender de mejor forma en cómo se puede construir un nuevo tipo de gobernanza, no necesariamente para el Estado, sino que el realizar investigaciones en que los actores sean realmente parte de estas investigaciones. La construcción de imaginarios nos permite tener la oportunidad de asegurar que los diversos actores intervengan o participen en algún nivel del diseño de investigación: la formulación del problema, los objetivos o hipótesis, la recolección de datos, la interpretación de los resultados. Así podremos avanzar hacia procesos de investigación movilizadores, cuya finalización contribuirá no solo a la elaboración de conocimiento, sino además, a movilizar a los distintos actores, con sus distintos puntos de vistas y apreciaciones a conocer su propia realidad para modificarla. Un paradigma complejo no busca la simplicidad, por lo tanto un método que asuma esta complejidad no será un impedimento sino más bien una posibilidad de reunir múltiple, aportando a la posibilidad de construir una nación multicultural.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

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[1] CASEN, Resultados Encuesta CASEN 2013 consultado Mayo 15, de 2015 en http://www.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/resultados-encuesta-casen-2013/
[2] Bajo la Ley Indígena 19.253 el Estado de Chile reconoce 9 “Etnias” y en el Cuestionario Aplicado por la CASEN 2013 en el Módulo de Residentes y se manifiesta: En Chile, la ley reconoce nueve pueblos indígenas, ¿pertenece usted o es descendiente de alguno de ellos?
[3] Chile es miembro de la OCDE desde mayo de 2010. Es el primer país sudamericano en ser parte de esta Organización.
[4] El homo oeconomicus es reconocido como el  individuo que elige libremente buscando la maximización de su interés, y este era el individuo centro en lo que se denomina como liberalismo clásico como forma de gobierno. A su vez, en la transición hacia un gobierno neoliberal, nos encontraríamos con un ciudadano social, sujeto a necesidades por cubrir. Para profundizar en este discusión ver Vázquez García.
[5]ByungChul Han (2014) Spicopolítica, Neoliberalismo y nuevas técnicas del poder La Crisis de la Libertad.

[6]Moran, Edgar. (1995) Introducción al pensamiento complejo.
[7]Taylor,  Charles (2006) Imaginarios Sociales Modernos.
[8]Richards, Patricia (2004). Multiculturalismos Neoliberal. Nuevas Categorias y Formas de entender la ciudadanía y el mundi indígena en el Chile Contemporáneo.
[9]Renshaw, J., Wray, N. (2004) Indicadores de Pobreza Indígena.
[10]Valdivieso P. y Vallejo-Romero A. (2014) Intervenciones políticas de primer orden: el caso de la política chilena de transparencia