“Lo que nadie me saca de la
cabeza es recuperar este espacio territorial que ocupaban mis antepasados, yo
le estoy hablando cuando los viejos se paraban ahí en Kichantúe y miraban, se
paraban en el otro cerro Faja La Arena y miraban al mar, hasta Charrocura. Ese
es mi sueño, de que, se que no es fácil, eso está en manos de la Mininco, esos
espacios tienen que volver y sabe que con poca ayuda del estado nosotros vamos
a hacer volver las aguas, los bosques y espero que a lo mejor pueden volver
hasta las aves que emigraron de aquí. Yo se que en todo eso viviríamos en un
pleno desarrollo, y viviríamos como debe vivir el mapuche, el
mapuche no debe vivir dentro de 12 metros de frente, 25 metros de fondo. El
mapuche tiene que criar animales, tiene que tener animales y con todos esos
espacios territoriales ni la juventud no migraría por que tendrían donde
trabajar y comería mejor”.
(Entrevista personal a don Rigoberto Painem, mayo de 2009).
Introducción.
Creo
necesario declarar y sincerar que los párrafos siguientes están impregnados de
la integración de argumentos, causalidades, intereses y motivaciones (que no me
permito aclararlas aquí dado su extensión) que siempre me han dirigido a una determinada
temática de investigación. Sincero, que por mi parte veo difícil por ejemplo no
orientarme a profundizar en los ámbitos en los que siempre he desarrollado
roles y funciones: comunidades indígenas, situaciones de pobreza,
organización/participación, y, territorio/desarrollo. Estos vistos como grandes
ámbitos en los cuáles desarrollar una línea temática de investigación. La
siguientes líneas, entonces, surgen con el propósito de explorar una mirada
distinta a la temática principal de mi tesis de post grado integrando
dimensiones abordadas en las unidades vistas en el marco del curso de
Fundamentos de Epistemología e Investigación en Ciencias Sociales del Programa
de Magíster en Ciencias Sociales, del cual, en la actualidad soy parte como
estudiante. Mi paso por el programa de Magister me ha dado la posibilidad de
interiorizar sobre conceptos como gobernanza, desarrollo, territorio, región y
procesos culturales, los cuáles contribuyen a situar mis pretensiones de ser un
aporte a las ciencias sociales con los hallazgos que pueda realizar, pero
principalmente de desarrollar una investigación que se nutra de epistemologías
y metodologías alternativas distintas a las que predominan en las acostumbradas
formas de hacer ciencias, y el curso al que doy respuesta mediante los párrafos
siguientes no escapa de esa posibilidad y pretensión.
Mi intención siempre
ha sido indagar en la relación Estado/Pueblos Indígenas y el modelo/concepto de
desarrollo que los vincula. Es decir, como la concepción de desarrollo infiltra
las políticas públicas que son aplicadas por el Estado hacia los Pueblos
Indígenas, específicamente a las comunidades mapuche y sus territorios y las
consecuencias que esto genera. En lo medular, es poder evidenciar en como las
políticas públicas que son desarrolladas por actores estatales en un contexto
mapuche rompe variables psicosioculturales de los territorios indígenas como el
capital social, poder, confianza, comunicación, trabajo comunitario, entro
otras; el paso por el curso/módulo de Epistemología e Investigación, ha hecho
visible nuevas formas de abordar y
entender los paradigmas epistemológicos, teóricos y metodológicos que vienen a
potenciar la búsqueda de las soluciones a las interrogantes que siempre me he
planteado en este aspecto.
Relación Estado / Pueblos Indígenas, la mirada convencional.
Los pueblos indígenas representan el 10% en Latinoamérica; y sus niveles
de ingreso, los indicadores en las dimensiones de educación y salud se observan
claramente disminuidas en relación con el resto de la población (Hall G. y
Patrinos H. A. 2004). En Chile, esta realidad
no es disímil. Para observar en términos
numéricos estas diferencias, nos referiremos a la Encuesta de Caracterización
SocioEconómica Nacional CASEN 2013[1].
Respecto a esta medición, la población que se auto declara perteneciente
a algún pueblo originario en Chile[2] es de 1.565.915 personas,
es decir, un 9,1% de los ciudadanos de este país es indígena. En cuanto a indicadores de pobreza podemos observar que la
diferencia casi se duplica al desagregar entre persona indígena y no indígena.
En Chile las personas en situación de pobreza de ingresos respecto a su
condición de indígena llegan al 23,4% mientras que en la población no indígena
llega al 13,5%; respecto de la pobreza extrema por ingresos esta se presenta en
un 8,2% de la población indígena mientras que en la población no indígena
desciende a un 4,1%; y, respecto de la pobreza multidimensional un 31,2% de
personas indígenas son pobres frente a un 19,3% de personas no indígenas. Solo en términos
estadísticos ya podemos identificar una diferencia en cuanto a indicadores de
acceso a bienes, de ingresos monetarios, de derechos sobre el consumo, acceso a
viviendas de calidad, los que dan cuenta de la brecha que existe entre la
población indígena y no indígena. Es decir, que los desafíos de contribuir aun
Chile igualitario no sólo se traduce en reducir las disparidades territoriales,
sino, además de disminuir la brecha de pobreza existente entre la población
indígena y la no indígena.
Con relación a estos datos, y bajo el interés
de indagar en qué medida estos indicadores de pobreza reflejan la situación que
viven hoy las personas pertenecientes a Pueblos Indígenas en Chile,es necesario
no tener una mirada sesgada en este contexto, es decir no se trata de describir
una mirada romántica de lo que significa ser indígena y no serlo, y su relación
con lo que proporciona la modernidad. Renshaw y Wray (2004) propenen que es absurdo
imaginar que por ser indígena una persona tendría que restringirse
exclusivamente a la dieta, vestimenta o vivienda de sus antepasados y que no
puede tomar una Coca Cola o un whisky etiqueta negra. De acuerdo a esta visión,
la tecnología es neutral –los teléfonos
celulares y la televisión, los tractores y las motosierras pueden ser tanto
positivo como negativo para la sociedad indígena –lo que es importante es quien
tiene el control sobre ellos. Es aquí donde se presenta el problema de la
pobreza, y no solamente de la pobreza relativa, ya que en realidad la mayoría
de los indígenas no solamente no tienen acceso a los lujos y novedades de la
vida moderna, muchos de ellos ni siquiera pueden satisfacer las necesidades que
hoy en día se consideran básicas.
El
camino hacia una nueva forma de entender la relación Estados / Pueblos
Indígenas.
Un gran número de autores (Agostini, Brown,
Roman 2010; Bello, Rangel 2000; De la Maza 2012;
Del Popolo, Oyarce 2005; Hall, Patrinos 2005) concuerdan en que en las
últimas tres décadas los Pueblos Indígenas de América Latina se han trasformados
en actores activos consientes de las brechas de acceso y de situaciones de
marginalidad que existen entre ellos y
la sociedad no indígena. Se percibe una clara exclusión y discriminación en
cuanto a no ser partícipes del desarrollo y crecimiento que se produce en la
región trayendo consigo reclamos a los distintos Estados y el reconocimiento de
sus derechos. Esto trae como desafío para las políticas públicas re elaborar un
conocimiento sobre estos pueblos a través de estadísticas, indicadores y
metodologías por una parte; y, por otro lado, nos plantea un desafío puesto en la descolonización del conocimiento y
a salirnos de los paradigmas occidentales modernos del conocer, reconsiderando
lo indígena como una categoría analística, una comunidad epistemológica (Delgado F., Rist S., Escobar C. 2010).
Para situar el relato en nuestro país,
convengamos que Chile hace esfuerzo por situarse en el contexto mundial junto a
los países elit en el modelo de desarrollo neoliberal global: la reproducción
del desarrollo como discurso.
Durante las últimas dos
décadas, el PIB per càpita de Chile ha aumentado significativamente. Entre 1988
y 1997, Chile creció a una tasa promedio
anual de 7,9%. En 1998 el crecimiento se redujo a un 3,2%, y en 1999 la
economía se contrajo (-0,8%) .
Posteriormente, entre 2000 y 2003, el crecimiento se recuperó, y en 2004 y
2005, el PIB real aumentó marcadamente en un 6,2 y 6,3 respectivamente…..Como
resultado de esta situación, Chile ha sido uno de los países más exitosos en la
reducción de pobreza a nivel mundial: en 1990 casi el 40% de la población vivía
en condiciones de pobreza; en 2006 la tasa de pobreza era de 13,7%( OCDE, 2009) .
Con párrafos como el anterior, la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico OCDE[3]
describe el triunfo de las políticas económicas y desempeño del modelo
neoliberal en nuestro país, además, resalta en como esta experiencia se puede
transformar en un referente para otros países:
El ingreso de Chile certifica el progreso
alcanzado por el país en las dos últimas décadas y la extraordinaria
transformación económica y social alcanzada durante este período. Los países
miembros de la OCDE
pueden aprender mucho de la experiencia chilena, ya que Chile aporta
importantes prácticas que contribuirán a enriquecer ese “Club de las Mejores
Políticas” que es la OCDE. Pero la OCDE también puede prestar su ayuda a Chile
en el desarrollo de mejores prácticas que permitan elevar la calidad de vida,
gracias a sus 50 años de experiencia en el terreno de las políticas públicas.(OCDE, 2011, p. 3)
A pesar de lo descrito, y a pesar de actuar
mejor que sus vecinos en seguir la receta neoliberal, Chile no escapa a lo que
acontece en el continente. En el país se observan grandes diferencias de
clases, desigualdad no sólo de orden económico sino además desequilibrios
sociales y culturales, que generan sobre todo exclusión de grandes sectores de
la sociedad. Esto se expresa en las escasas oportunidades de desarrollo que afectan algunas regiones y
territorios. “Es un hecho que una cantidad muy importante de territorios, comunas
y regiones del país muestran aún indicadores de pobreza negativos y muy bajo
desarrollo humano. La misma OCDE, y a través de estos mismos textos, pone en
alerta este síntoma realmente grave en la economía nacional: las severas disparidades
territoriales que conlleva este progreso económico. Estas disparidades
territoriales se caracterizan por ser marcadamente en el ámbito de la
productividad laboral, en el acceso a la educación, en investigación, en
innovación y en los niveles de pobreza. En resumen: Chile, en desarrollo y en
riqueza, sigue estando concentrado, y, como se reforzaba en las primeras
páginas de este documento, en los pueblos indígenas es donde mayormente se
denotan estas disparidades y desigualdades con sus consecuencias de exclusión y
marginación.
El
desarrollo como discurso, ha hecho posible la instauración de una amplia
maquina institucional a través de la que
se desplegó este mismo discurso (Escobar, 2005). Este aparato comprende
desde organizaciones internacionales (pasando por el
FMI y la ONU ) ,
hasta organizaciones e instituciones nacionales y de escala local de cada
sociedad en cuestión.
Si por ejemplo, observamos los avances de
los municipios y su gestión presupuestaria, bajo el discurso del desarrollo y
la modernidad, esa que debe llegar a todos los sectores de la sociedad, no
existe objeción alguna de lo que estos pueden llegar a avanzar. Aunque desde la
perspectiva de gobierno, entendiéndose como la conducción de conductas – bajo
la lógica foucaultiana expuesta por Vásquez García (2005) -
se puede caracterizar estos resultados como parte de la acción de un gobierno
neo-liberal, a escala local, es decir, una racionalidad de gobierno basada en
la aplicación de políticas neoliberales al enfocar esta inversión en superar
los obstáculos para un desarrollo expedito. ¿Cuáles son esos obstáculos para
que los territorios se desarrollen?: claramente dotar de infraestructura a las
comunas, de manera de que ya no se conciban a estas como un territorio
empobrecido ni menos olvidado del desarrollo nacional. ¿Cuál es el desenlace?:
el gran esfuerzo de los equipos técnico/municipal para alcanzar este nivel de
inversión, responde a esta lógica de institucionalización del desarrollo, que
según Escobar (2005) concluye en una
fuerza social real y efectiva que es capaz de trasformar la realidad económica,
social, cultural y política de la sociedad en cuestión, en este caso, la
sociedad local, como un territorio desarrollado. Incluso cuando hablamos de
desarrollo económico local, el núcleo de la discusión respecto de los gobiernos
locales, deberíamos enfocarlo en que la administración municipal, paso a
modificar precisamente, ese rol de administrador (de un
territorio) , a ser un gobierno que “adopta medidas necesarias
para que la economía, la población y la sociedad civil se autogobiernen a
partir de su propia legalidad interna” (Vázquez García,
p. 86) a nivel local. Podría decirse, además, que impera el
ciudadano social[4], que es aquel sujeto que
si bien tiene autonomía política y jurídica, además, para ser reconocido como
ciudadano libre y portador de derecho, el individuo debe mostrar su capacidad
de elegir por sí mismo, debe exhibir su responsabilidad. La municipalidad se
desliga así, de guiar sus políticas a la superación de pobreza o de niveles de
cesantía, centrándose en buscar alternativas para potenciar a este ciudadano.
El eslabón del Estado más cercano a la ciudadanía, el municipio, “ya no
gobierna directamente los procesos económicos, biológicos o culturales, se
dedica a preservar el funcionamiento autónomo de los mercados ya existentes o a
estimular la creación de mercados allí donde no existen” (p.
94) . Los emprendedores nacientes, entonces, son el producto
incipiente del modelo neoliberal a escala local, el “empresario de sí mismo”
que tiene el interés puesto en su propia realización personal, un individuo
activo capaz de elegir por sí mismo y sacar partido a sus recursos personales.
Una mirada desde la
Complejidad a la relación Estado / Pueblos Indígenas.
En
este apartado final, trataré de resumir una nueva postura para indagar en la
relación Estado/Pueblos Indígenas. Esta nueva forma de entender esta relación,
entiende como nudo principal la complejidad del sujeto y la vida cotidiana.
Como plantea Byung – Chul Han[5]
el sujeto tiende a pensar en que es un sujeto libre, sin embargo, este autor
nos describe como un modelo como el neoliberal despliega dispositivos sobre
aquel sujeto. Nos menciona que a pesar de sentirnos libres de coerciones ajenas,
nos sometemos constantemente a las coerciones propias en una forma de coacción
al rendimiento y la optimización. La libertad entonces de ser otro sujeto,
vuelve a dar lugar a coacciones. El sujeto del rendimiento, como dice el autor,
se pretende libre, en realidad solo es un esclavo, que si bien no existe un amo
que lo obligue a trabajar si debe explotarse a sí mismo, hoy la vida y el
trabajo son uno solo. Como panorama desalentador nos recalca que “Al esclavo
neoliberal le es extraña la soberanía” (pag. 7) “ el sujeto neoliberal como
empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que
sean libres de cualquier finalidad. No existe una amistad sin fin alguno” (pag.
8). El neoliberalismo es un sistema inteligente nos plantea el autor, ya que
explota nuestras formas de libertad como la emoción, el juego y la
comunicación. Este autor se refiere a
que en un sistema neoliberal el trabajador se convierte en empresario, por
ende, es el neoliberalismo como sistema quien elimina a la clase trabajadora,
hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa.
Cada uno es amo y esclavo en una misma persona. La lucha de clases como lo
mencionaba Marx -que daba cuenta del
proletariado y el capitalista como categorías claras en conflicto- es una lucha
interna consigo mismo, esto es una característica del modo de producción
presente, donde nos enfrentamos con nosotros mismos al ser esclavo y
explotadores a la vez, por ende es imposible una dictadura del proletariado.
Como uno es explotador de uno mismo, al alzarse contra la explotación nos lleva
a ser agresivos contra nosotros mismo, lo que no convierte al explotado en un
revolucionario, sino en un depresivo. Al mismo tiempo, ya no trabajamos para
nosotros y nuestras necesidades, sino para el capital, el que produce sus
propias necesidades que nosotros de forma erróneas percibimos como propias. El
neoliberalismo así actúa como un paradigma en la visión de Morin[6]
“…constituido por un cierto tipo de relación lógica extremadamente fuerte entre
nociones maestras, nociones claves, principios claves. Esa relación y esos
principios van a gobernar todos los discursos que obedecen, inconscientemente,
a su gobierno” (pág. 89).
La relación del Estado neoliberal chileno y su
relación con los pueblos indígenas no hace otra cosa más que gobernar bajo un
paradigma de la simplicidad, que se orienta al orden persiguiendo al desorden,
el orden traducido-reducido en ley, cuya pretensión es unificar lo diverso (pág
89). El Estado no solo propone a través del neoliberalismo sino que sobre todo
impone una forma de entender, de ser. Por ende, lo que propongo, o más bien me
auto propongo es desbordar los límites de lo simple hacia lo complejo en esta
nueva forma de entender la relación Estado/Pueblos Indígenas, observado mas
allá de lo visual, ni fragmentando la realidad ni siendo lineal como se conoce
desde el positivismo, incorporar de algún modo la ideología porque no, de
manera de entender lo real desde otro punto de vista. Bajo el paradigma de la
complejidad resulta importante hablar de los imaginarios, los que se construyen
desde esta relación Estado/Pueblo Indígenas, Taylor[7]
señala que” nuestro imaginario social en cualquier momento es complejo.
Incorpora una idea de las expectativas normales que mantenemos unos respecto de
otros, de la clase de entendimiento común que nos permite desarrollar las
prácticas colectivas de nuestra vida social (pág 38). Entenderemos por
imaginarios sociales entonces a como las personas corrientes imaginan su
entorno social y el tipo de relaciones que mantienen unas con otras, esto bajo
un modelo de gobernanza de multiculturalismo neoliberal.
Una aproximación al
Multiculturalismo Neoliberal en Chile:
Se
entiende como multiculturalismo neoliberal a los discursos y políticas
multiculturales establecidos por parte de los estados que sirven para generar
consensos para el proyecto neoliberal, no se puede entender, sin embargo, el
desarrollo de este discurso si no es bajo un contexto de gobernanza, Richards[8]
señala que el multiculturalismo neoliberal se debe entender como una nueva
forma de hacer gobernanza de los estados democráticos neoliberales en
Latinoamérica. Para construir-entender como este se da en distintos países,
regiones o territorios, se hace necesario comprender tanto la dimensión
transnacional de la producción del discurso multicultural neoliberal, como las
historias y los imaginarios sociales locales. (Richards, pág. 113)
Respecto
de Chile post dictadura, fue bajo los gobiernos de la Concertación en que se
instituyeron políticas multiculturales que reconocieron algunos derechos
indígenas y promovieron la diversidad dentro de la sociedad chilena. (Richards,
pág. 114). Esta misma autora señala a Postero quién menciona que el
multiculturalismo “puede hacer referencia a la composición multiétnica de un
país o grupo social”, pero, “más a menudo el término se refiere a los esfuerzos
de los gobiernos democráticos liberales para aceptar o abrazar esas
diferencias”. En este sentido, al adoptar el discurso multicultural los estados
están implícitamente reconociendo el daño producido por las políticas
asimilacionistas dominantes en el pasado.
(Richards, pag 115). Remediar los males del pasado e incentivar la
participación de los pueblos originarios, sin embargo, no significa distribuir
equitativamente el poder, el que seguirá encarnado en las jerarquías raciales
de cada nación. La aparición del discurso multiculturalista, comparte el
contexto histórico con otra reforma
acontecida e impulsada por la mayoría de los estados democráticos en
Latinoamérica: el proyecto neoliberal caracterizado por el desarrollo de la
exportación, la desregulación comercial, la descentralización y la eliminación
de la universalidad de los servicios sociales, esto hará que como forma de gobernanza
el neoliberalismo multicultural se interese en los problemas étnicos o
culturales sin prestar atención al problema de la distribución.
Según
señala Richards “Chile que fue el primer país latinoamericano en impulsar el
neoliberalismo como modelo económico, fue el último en aceptar el
multiculturalismo”(pag. 117). Por un
poco más de un siglo de vida republicana chilena, primó la concepción de que el
pueblo mapuche era el Otro permanente, el enemigo que amenazaba la integridad
nacional chilena, (esto acabó una vez ocurrida la Pacificación de la
Araucanía); más tarde se convertirían en el Otro interno, negado o mantenido
aparte del resto de los chilenos, concluyendo en reducciones para los mapuche y
el reclutamiento de inmigrantes europeos por parte del estado, bajo el concepto
de civilizar esas tierras despojadas al mapuche. Más avanzado el siglo XX, y la
proliferación de los movimientos populares en Chile, el criterio de la clase
fue el marcador social quedando los reclamos indígenas absorbidos por éste.
Como resumen, entonces, en Chile– al contrario de todos los demás países de
Latino América- el multiculturalismo se desarrolló posterior al neoliberalismo que
fue implementado bajo una dictadura que no necesitaba generar consenso para
instalar este modelo. Bajo dictadura, la resistencia mapuche generó esperanzas
que las reivindicaciones serían atendidas una vez recuperada la democracia, así
surgieron avances como la implementación de la de la Ley Indígena (1993), el
Informe de la Comisión Histórica y Nuevo Trato (2003), el documento Reconocer:
Pacto Social por la Multiculturalidad, y, la ratificación del convenio 169 de
la OIT (estos últimos durante el 2008); sin embargo la Concertación mantuvo el
modelo económico, por lo cual el neoliberalismo siguió impregnando las
políticas públicas y su trato, como veremos, hacia los pueblos indígenas siguió
una lógica de la zanahoria y el garrotazo. Que el desarrollo Neoliberal prime
por sobre los derechos indígenas ha traído una nueva relación Estado/Pueblos
Indígenas que se construye bajo el conflicto (basurales en proximidades a
comunidades mapuche, autopistas en tierras ancestrales, instalación de
hidroeléctricas, implantación de industria forestal en tierras que fueron
despojadas a los mapuche bajo dictadura, concesiones mineras, etc.), lo que ha contribuido a que hoy existan nuevos imaginarios en torno a
lo mapuche bajo esta forma de
multiculturalismo neoliberal implementada en Chile.
Hale,
mencionado en el texto de Richards (2004) hace notar que el neoliberalismo
multicultural construye dialécticamente una forma diferente de ser indio: “la
gobernanza activamente crea y recompensa al indio permitido mientras que
condena al Otro a espacios racializados de pobreza y exclusión social”. Para
este indio pobre y excluido los gobiernos de la Concertación crearon programas
dirigidos a superar la pobreza en las comunidades mapuche, el mejor ejemplo de
ellos fue el Programa Orígenes creado el año 2001 por medio de un crédito del Banco
Mundial por más de 140 millones de dólares solicitados por el aquel entonces
presidente Ricardo Lagos en el inicio del conflicto, específicamente
comunidades mapuche e industria forestal. También el multiculturalismo
neoliberal, crea el imaginario del indio insurrecto, que nace del versus del
indio bueno y el indio malo. El indio permitido, señala Hale, es aquel que
abraza las políticas integracionista y participa sin cuestionar de los
programas de gobierno, mientras el insurrecto desafía constantemente los
principios del multiculturalismo neoliberal, persiguiendo el reconocimiento de
sus derechos ancestrales y la redistribución de poder y recursos. La respuesta
del Estado a este indio insurrecto, en la mayoría de las veces, ha sido la
aplicación de la Ley Antiterrorista nacida bajo el régimen militar, cuya
aplicación se ha mantenido y profundizado para con las comunidades y comuneros
mapuche bajo los gobiernos de la concertación.
Un avance hacia la construcción de
imaginarios sociales respecto de la aplicación del multiculturaismo neoliberal
en territorio williche
Para finalizar, quisiera profundizar en la mirada del actor social, en
este caso resulta importante tomar atención a la posición de los dirigentes
locales. Para ello ocupo relatos de una entrevista semi estructurada la que fue
aplicada a un infórmate clave, el que para efectos de la síntesis,
interpretación y análisis de contenido de los resultados denominaré como
Dirigente1.
En primera instancia resulta importante mencionar que los líderes
mapuche williche no han estado exentos de los nuevos procesos sociopolíticos de
los cuáles han sido parte los pueblos indígenas de Latinoamérica. Ya desde la
década de 1980 los pueblos indígenas han pasado de ser actores pasivos a
actores activos en los escenarios políticos nacionales y regionales (Del Popolo y
Oyarce 2005), avanzando hacia un fortalecimiento de su identidad indígena lo
que hace posible la identificación de “ser” mapuche williche y la mirada de los
problemas que los aquejan como indígenas.
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Yo
vine a identificarme como mapuche recién como a los 19 años, antes de eso
sabía que era mapuche pero no establecía la diferencia entre el mapuche y
el chileno. Entonces de ahí de los 19 años comencé a hacerme
cuestionamientos más fundamentales: en qué consistía ser mapuche, que
aportaría y que podía hacer yo durante esos años de juventud para
fortalecer la identidad mapuche. (DIRIGENTE 1, 2015).
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En su relato, el entrevistado menciona como el haber tenido una formación
acádemica en su desarrollo personal marca un antes y un después en la forma de
abordar la cuestión mapuche williche: “Anteriormente a eso vivía en la comunidad como otros
jóvenes y niños pero sin hacer cuestionamientos más profundos, cuestionar al
Estado, cuestionar, la educación, cuestionar la institucionalidad .… De ahí de
eso me fui a Temuco a estudiar a los 21 años Educación Básica Intercultural
volví a los 27 no con la Carrera terminada pero si con hartos conocimientos y
otras ideas que me han servido para poder hoy día desarrollarme en esta
sociedad no mapuche y mapuche” (DIRIGENTE 1, 2015).
Resulta importante resaltar lo anterior, ya que al intentar identificar
el concepto de “pobreza” percibido por el entrevistado se hace necesario
vincular este concepto a como el propio Estado lo entiende y las técnicas que
usa para abordarlo que en más de una situación trae más problemas que
soluciones respecto del tema en cuestión. Ya Renshaw y Wray[9]
(2004) nos señalan que es importante destacar que no hay una visión indígena
única sobre el tema de la pobreza, por un lado hay intelectuales y líderes
indígenas que afirman que el concepto de pobreza es una manera de discriminar o
desvalorizar la cultura indígena lo que concuerda en los relatos del propio
entrevistado “Mira yo creo que el Estado
te ha dicho que eres pobre, y los peñi cuando no tienen la identidad clara se
creen el cuento de que son pobres, porque no tienen la educación….yo encuentro
que la gente de campo tiene mucho más valores que la gente que vive en la
ciudad o vive en otros lados y esos valores son una tremenda educación como
para poder relacionarse, por otro lado tienen una tierra y esa tierra la pueden
hacer producir y el Estado a través de ese discurso que los mapuche somos
pobres quiere señalarte que tu estas en una situación y te tienes que mejorar y
para eso tienes que irte a la ciudad o irte a otro lado, dejar tu tierra…”.
Ya en estas líneas se puede entender que el concepto de pobreza si bien sirve
para identificar a una población que está más desfavorecida que otras, este
concepto a su vez debe ir acompañado de otras variables que no son consideradas
por los instrumentos de medición que actualmente se usan. Es injusto de
comparar la sociedad indígena con el resto de la sociedad nacional en términos
de ingresos, de los años de escolaridad o cuestiones como el equipamiento
saneamiento básico, ya que estos son indicadores propios de la sociedad
nacional que no es necesariamente importante para los indígenas. Es más, si comparamos
las dos sociedades en base a la
solidaridad, la calidad de las interacciones sociales o la convivencia con la
naturaleza sería la sociedad nacional que se consideraría pobre (Renshaw y Wray,
2004). Bajo el paradigma de la complejidad, podemos entender que el racismo
aquí no solo puede ser producida por una elit local, sino que las políticas
públicas relegan al mapuche a una condición de pobreza, las políticas
neoliberales y multiculturales no representan un cambio en las distribuciones
de poder, menos en la asignación de derechos culturales o colectivos. El
discurso neoliberal del Estado, se traduce en una constante lucha interna en la
narrativa de pobreza presente en los dirigentes williche.
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Es una estrategia política
eso de lo pobre, el mapuche no ha sido pobre porque en el campo yo siempre
tuve que comer, porque siempre trabajábamos, siempre tenía nuestra carne,
nuestros animales, siempre teníamos las papas, las arvejas, de todo, leña
no nos faltaba nunca pero cuando tute vienes a la ciudad chuta tienes que
comprar todo tienes que comprar la leña, tienes que comprar la papa, acá se
ve la pobreza (ciudad) pero en el campo y en el territorio no. DIRIGENTE 1,
2015.
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Al ampliar la visión respecto de las políticas públicas aplicadas en
territorio williche, se puede establecer en que la forma de abordar la pobreza
en las comunidades mapuche williche no sólo se realiza de forma vertical con
una visión poco pertinente, sino, que además que esta intervención es producto
de una relación de poder donde las autoridades locales -o a otra escala- les
posibilita establecer vínculos de clientelismo en las comunidades: “Yo creo que el Estado, primero el Desarrollo
tiene poca pertinencia cultural. Segundo es utilizado en este caso la
municipalidad o los servicios públicos como un clientelismo, crían un
clientelismo en la gente, entonces ya los viejos son totalmente sometidos al
caudillo, no se al Alcalde, o al Concejal tanto, o no se po’ al jefe de
servicio tanto, porqué él le está dando un cerco, un quintal de harina, lo que
necesitan los viejos, entonces ya los viejos no pueden optar por ellos mismos.
Yo he escuchado a los políticos cuando dicen ah ya estos son los votos de tal
persona, o allá de la otra tal persona que es el que le entrega la ayuda. De
cierta manera están distribuyéndose las migajas para poder tener poder.
Entonces yo no lo veo que sea un desarrollo sustentable, que sea un desarrollo
integral, solamente para mantener el Sistema”. Entender la manera de
aplicar política pública es reconocer que existe interacción entre los agentes
estatales y el ciudadano indígena, por ende, es en la implementación de los
programas sociales donde se materializa la visión de los gobernantes como
practica social, esta visión baja a la ciudadanía mediante diferentes formas de
poder, incrustándose y formando parte de la vida cotidiana de los ciudadanos (de la Maza, F.
2012), el multiculturalismo neoliberal, no viene a ser más que otra forma de
dominación y domestizaje centrándose en el indio poco integrado al modelo – del
que hablábamos en los parrafos más arriba- ocultado los derechos al a tierra,
culturales o de otra índole y centrándose en las falencias socioeconómicas.
Valdivieso
y Vallejos-Romero (2014)[10]
afirman que las intervenciones sociales
y las políticas tienden a asumir formas normativas, que se traducen en
intervenciones que no toman en cuenta las racionalidades de las propias
personas a las que se quiere intervenir, y pues en los relatos del entrevistado
podemos corroborar estas afirmaciones que la política pública es diseñada con
otras racionalidades no logrando los impactos que declaran…. “No (respecto
de si se está resolviendo las temáticas de pobreza indígena), lo que pasa es que el Estado debe reconocer
como contraparte a lo mapuche y eso no lo está haciendo, por eso fracasa porque
lo que están haciendo lo están haciendo detrás de la oficina y no son los
mapuche”. Según Valenzuela, (2003) para lograr vía de entendimiento entre el Estado y los pueblos indígenas la
política hacia el mundo indígena debe ser una auténtica política de Estado, es
decir, una acción coordinada entre los poderes ejecutivo, legislativo, judicial
y otras instancias tales como los municipios y los gobiernos regionales. Organismos
como la Coorporación de Desarrollo indígena (CONADI), por ejemplo, ya no logran
por si solos responder a los desafíos que se le imponen, dado que estos desafíos
son de carácter transversal e involucran a distintos sectores de la
administración pública y la política social.
|
Yo creo que como señalaba es
que tiene poca pertinencia, entonces cuando digo poca pertinencia es porque
los mapuche tienen otra forma de ver su desarrollo, un desarrollo mucho más
integro más sustentable, el kumemoñen por ejemplo que es una forma de
vivir, donde el hecho no es que tengas que acumular riqueza sino vivir o
sea trabajas para vivir. No peñi esclavizados del sistema para acumular
riqueza ni ninguna de esas cuestiones. Desde este punto de vista no existe
una explotación de los recursos sino que tú, con lo que necesitas vives.
DIRIGENTE 1, 2015.
|
Conclusiones. ¿Cómo
imaginar una nación multicultural?.
Ya quemando el límite de las paginas autorizadas, intento resumir en una
conclusión final que pueda integrar la nueva mirada que he podido construir-me
para entender la relación Estado/Pueblos Indígenas.
Hablar desde la pobreza, como inicialmente lo hacía siempre en mi
planteamiento de política de investigación, no responde a más que a una lógica
simplista de observación; desde un pensamiento complejo debo ser capaz de
comprender que existen dispositivos que
construyen imaginarios sociales, en este caso el multiculturalismo neoliberal
como gobernanza en Chile ha hecho sesgadamente percibir el conflicto mapuche como
un problema de pobreza, del cual yo mismo estaba siendo parte. Las intervenciones sociales y las
políticas y también académicas en un modelo de gobernanza multicultural
neoliberal tienden a asumir formas normativas, que se traducen en
intervenciones que no toman en cuenta las racionalidades de las propias
personas a las que se quiere intervenir. Es decir, que nos planteamos desde una
intervención convencional donde se aplican estrategia provenientes desde una
lógica centralista, actuando desde arriba hacia abajo donde los propios
afectados, es decir las personas pertenecientes a pueblos indígenas en Chile no han sido sujetos activos de estas políticas
de intervención, siendo meros espectadores de cómo se aplica la política
pública en ellos; el multiculturalismo neoliberal se instala como un paradigma
condicionado por prioridades transnacionales en el contexto de una economía
global, inspirado en un ciudadano global un indio bueno, emprendedor lo resume
así el entrevistado cuando menciona que:
“las políticas públicas hoy nos dicen que tú tienes que explotar, que
prácticamente dejar la tierra absolutamente depredada para poder vivir, le
están metiendo esa cizaña a las comunidades, entonces obvio que las comunidades
están recibiendo y no están analizando como yo señalaba porque está el
concejal, el alcalde, el jefe de servicio le están transmitiendo, entonces le
están transmitiendo y están perdiendo su autonomía de pensar, de analizar de
cuestionar las cosas, sino que están siguiendo las cosas que vienen desde
afuera y no hay un análisis más profundo de que eso en el tiempo va a ser mal”.
La proliferación de grupos radicales
como la Coordinadora Arauco Malleco
(CAM), la muerte de jóvenes mapuche por disparos policiales bajo democracias,
la muerte de colonos en extrañas circunstancias, la constante proliferación de
movimientos mapuche en las ciudades, la aparición de atentados y auto
atentados, la aplicación de la Ley Antiterrorista y detenidos a partir de
acusaciones de testigos sin rostros; toda esta gama y más de hechos que
constantemente vemos no son más que el resultado de una gobernanza
multicultural neoliberal, de un estado que privilegia la ejecución perfecta y
sin límites de un modelo en que prima los interese privados de las elites al
punto de construir un imaginario mapuche dependiente de las políticas del
Estado: “No hay futuro, porque por ejemplo los dirigentes están todos en Osorno.
Entonces por eso yo señalo que si están en Osorno ya no están pensando como los
mapuche que están en el campo. Y porque se han venido a Osorno, porque acá
están los proyectos y se hacen eficientes para el sistema. En cambio en el
campo no son eficientes, por eso se vienen a Osorno porque también habrán
algunos proyectos y con eso a los mapuche nos crean dependencia por que el
dirigente siendo dependiente del Estado a través de proyectos, después ya le
deja de dar Proyecto el Estado y se vuelven unos pobres. Pobres Eficientes”.
La investigación
en ciencias sociales, a través de los imaginarios sociales, podría ser una
herramienta para comprender de mejor forma en cómo se puede construir un nuevo
tipo de gobernanza, no necesariamente para el Estado, sino que el realizar
investigaciones en que los actores sean realmente parte de
estas investigaciones. La construcción de imaginarios nos permite tener la
oportunidad de asegurar que los diversos actores intervengan o participen en
algún nivel del diseño de investigación: la formulación del problema, los objetivos
o hipótesis, la recolección de datos, la interpretación de los resultados. Así
podremos avanzar hacia procesos de investigación movilizadores, cuya
finalización contribuirá no solo a la elaboración de conocimiento, sino además,
a movilizar a los distintos actores, con sus distintos puntos de vistas y
apreciaciones a conocer su propia realidad para modificarla. Un paradigma
complejo no busca la simplicidad, por lo tanto un método que asuma esta
complejidad no será un impedimento sino más bien una posibilidad de reunir
múltiple, aportando a la posibilidad de construir una nación multicultural.
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[1] CASEN, Resultados Encuesta
CASEN 2013 consultado Mayo 15, de 2015 en http://www.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/resultados-encuesta-casen-2013/
[2] Bajo la Ley Indígena 19.253
el Estado de Chile reconoce 9 “Etnias” y en el Cuestionario Aplicado por la
CASEN 2013 en el Módulo de Residentes y se manifiesta: En Chile, la ley reconoce nueve pueblos
indígenas, ¿pertenece usted o es descendiente de alguno de ellos?
[3] Chile es miembro de la
OCDE desde mayo de 2010. Es el primer país sudamericano en
ser parte de esta Organización.
[4] El homo oeconomicus es reconocido
como el individuo que elige libremente
buscando la maximización de su interés, y este era el individuo centro en lo
que se denomina como liberalismo clásico como forma de gobierno. A su vez, en
la transición hacia un gobierno neoliberal, nos encontraríamos con un ciudadano
social, sujeto a necesidades por cubrir. Para profundizar en este discusión ver
Vázquez García.
[5]ByungChul Han (2014) Spicopolítica, Neoliberalismo y nuevas técnicas del poder La Crisis de la Libertad.
[8]Richards, Patricia (2004). Multiculturalismos
Neoliberal. Nuevas Categorias y Formas de entender la ciudadanía y el mundi
indígena en el Chile Contemporáneo.
[10]Valdivieso P. y Vallejo-Romero A.
(2014) Intervenciones políticas de primer
orden: el caso de la política chilena de transparencia